martes, 27 de junio de 2017

Tres generaciones: Mamita Alice, Yolanda, la Nena...


Tres generaciones:  Mamita Alice, Yolanda, la Nena. 


--Yolanda--  Mamita Alicia, le tejí un cuadro de cruceta con los hilos que me regaló. a las Señoritas Espinoza y les encantó.   Le quiero contar que mañana salgo para la Capital.  Las monjitas en agradecimiento me consiguieron una cita con el Presidente Ubico y me voy a pedirle trabajo. Ya me cansé de verla salir temprano a dar clases para luego verla desvelarse haciendo esos vestidos para mantenernos a todos y mire a Adela y a Beatriz, no se les da eso de estudiar y tragan como que si fueran hombres. Francisco es muy pequeño y Lily e Irma con tres hijos cada uno no están para ayudarla. No podemos seguir así, usted ya está cansada.  Mi papá se nos adelantó en el viaje y esos 14 años que lo tuve se me hicieron cortos.  No crea que se me olvida que las hermanas de mi papa le quitaron todo y la dejaron tirada allá en aquella finca de los Bruderer.  Gracias a Dios y a ellos que no la abandonaron pero hay una justicia divina y algún día esa familia lo va a pagar. 

No crea que no me da miedo, dicen que Ubico es el Diablo personificado.  Le mandaron un telegrama y me dio audiencia allá en el Palacio.  Tengo unos centavos ahorrados de las clases que dí en la finca y me voy a quedar donde las monjas. 
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--Mamita Alicia—hija, usted si que nada ni nadie la para, parece que lleva una carrera contra el tiempo.  Yo no la voy a detener, vaya y si ése es su destino, ¡que le vaya bien!  Eso si, cuando llegue me manda un telegrama a Colomba que yo voy a estar pendiente.  No crea que me quedo tranquila que se va a ver a ese loco.

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¡Alicia!,  le mandó un telegrama Yolanda, dice que le fue bien, que conoció al Presidente en el Palacion Nacional y que la atendió.  Fueron 5 minutos, pero dice que le dió una plaza en Amatitlán.  Es cerca de la capital y con fincas de café que parecen jardines.  Hay muchos niños ahí, en las mañanas ayudan a cortar el café y en las tardes van a la escuela.    Dice que Ubico la felicitó, por valiente y porque muy en el fondo le tiene cariño a las monjitas.  Dice que le dió unos contactos y que ya tiene todo arreglado.  No es mucha la plata porque ahorita tiene un problema con los maestros, fueron a los únicos que no les aumentó así que le están haciendo protestas, y va a hacer cambios.  Pero dice que tenga paciencia porque puede conseguir que Adela y Beatriz se vayan para acompañarla, quien quita y consiguen marido.  Estudiar no les gusta. Eso si, bonitas si son.

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--Yolanda--  Mamita Alicia, le escribo porque conocí al hombre de mi vida.  Se llama Miguel Enrique, es hijo de cafetaleros de acá de Amatitlán.  Es bajito, pero guapo, así que la familia no va mejorar mucho en altura pero así lo quiero. Es bravo pero con uno asì me gusta pelearme.  Creo que le gusto porque no me dejo que me manden.  Todas las mujeres por acá son muy sumisas.  Usted ya sabe cómo soy yo.  El no es muy sociable, siempre mantiene el ceño fruncido, pero me parece de lo màs interesante.  Ha viajado mucho, conoce Estados Unidos, me cuenta de sus paseos y me encantan sus historias.  Cuando estamos solos es un dulce.  Fuimos en tren a la Capital, hicieron un relleno que atraviesa el lago y el paseo fue increíble.  Me pidió que nos casemos y quiero pedirle su bendición.  No se vaya a asustar, tiene una hija que tuvo por una calentura con una cortadora de café, la tuvo a los 14.   Vive en la finca de los padres en El Zapote.  El no reconoció a la niña pero a ella no le falta nada, y yo igual lo quiero.  Vamos para allá en el carro que le compró el papá.  Le pido que prepare la casa y que mate unas gallinas porque me quiere ir a pedir. Ojalá estuviera mi papa por acá para verle la cara.  No sé qué diría, es tan distinto a los hombres de la familia. 

Beatriz y Meme están felices.  Usted ya sabe que ellos me apoyan en todo lo que hago. Están muy ocupados con lo del aserradero.  Beatriz le echa la mano con las cuentas, algo le sirvió entrar a las clases conmigo.  Le cuenta hasta el último centavo.  Meme no administra mucho, a él lo que le gusta es el olor a aserrín y su maquinaria.

Adela es más reservada, dice que tenga cuidado porque le han dicho un montón de cosas de Miguel Enrique. Yo creo que lo que tiene es envidia.  Bueno ya sabe usted como son mis hermanas.  Ellas están bien, Adela no va a poder estar en la pedida de mano porque está ya para componerse.  El jueves va a haber luna, así que prepárese porque ya va a ser abuela.  Que emoción y felicidad Mamita Alicia.  Voy a tener que dejar de trabajar, lástima que ya no puedo darle las gracias a Ubico, solo Dios sabe dónde estará, pero por el Señor Presidente estoy en Amatitlán.
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--Yolanda-- Mamita Alicia, no quisiera tener que pedirle esto, pero voy  a tener que volver a bautizar a la nena.  Quiero que usted sea la madrina.  Maco Villa Mar y la Chita Vilanova se volvieron comunistas, así que ese bautizo definitivamente no vale.  Pensé que usted y mi tío Francisco pueden ser los padrinos.  Disculpe que en medio de todo lo que me está pasando le pida esto.  Ya sé que Adela me lo dijo, que Miguel Enrique iba a salir fregado, y así fue.  Ya no lo aguanto y como siempre me ha dicho, una mujer sale sola adelante, si usted pudo con seis hijos, yo puedo sola con la nena.  Por el momento me voy a la casa de huéspedes a la Capital, ahí voy a buscar trabajo.  Mientras me alcanza el dinero con la venta de ropa que tengo con la Lola. Ella me va a cuidar a la nena, ya vio usted que le puse los nombres de tres emperatrices: Catalina, Beatriz y Eugenia.

La nena se va a tener que ir a “El Quetzal” con usted.  Ella está feliz, no entiende mucho que es eso de divorciarse, pero creo que es lo mejor para todos.  Le cuento la última que me hizo el hombre, se fue para Estados Unidos con la otra.  Me dejó un solo cheque, que no alcanza ni para pagar el colegio.  Le hablé a un amigo de Meme y me dijo que no me preocupara, que esto no se quedaba así.  Esperó hasta que estaba en el avión con la mujer y lo llamaron para avisarle que no podía volar. Me tuve que esconder porque  ese hombre estaba que pegaba de brincos. Le había ofrecido a la mujer ir a casarse a Las Vegas. La vergüenza de tener que bajarse del avión y enterarse que estaba arraigado.  Imagino la cara de la mujer.  Que lo siento por ella, no sabe a lo que va.  Pero prefiero que me digan la divorciada a tener que estar viendo como pasa el desfile de mujeres.  Usted ya sabe cómo soy, la vida es muy corta para tener que estar envenenándome el alma.
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--Yolanda--  Mamita Alicia, espero que esté bien. Me contó Francisco que le dio malaria y que por poco no la cuenta.  Yo le escribo para darle una buena noticia.  Conocí a un hombre bueno, que me quiere y que quiere a la nena. Se llama Marco Tulio. Es de los Flores de Acatenango. Su familia es de campo, y èl es el único de los hijos que no le gusta trabajar la tierra, es doctor. Nos vamos a casar ahora que termine los exámenes. Ya sé que no nos podemos casar por la iglesia, pero igual le pido su bendición.  Me quiere a mí, quiere a la nena y quiere tener más hijos.  No puedo ser más feliz, es mi segunda oportunidad de hacer bien las cosas.

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--Yolanda-- París es lindo, Mamita Alicia, hicimos un paseo en carro con unos amigos mexicanos que conocimos en Burdeos.  Ellos se dedican a la peletería en Guanajuato. Me alegra haberlos conocido, porque casi no veo a Marco Tulio, está en exámenes finales y ya casi es Otorrino, de La Sorbona. Nada màs... Mientras  tanto, organicé un paseo a Madrid para que conozca la nena.

La nena llegó hace una semana, decidimos que se tomara un año sabático.  Prefiero eso a que esté pensando en casarse. Además ya no aguantaba a la Beatriz, creo que tienen el mismo carácter las dos.   Se vino contra la voluntad de su papà.  No le quiso dar ni un centavo porque perdió inglés.  Tuve que sacar de mis ahorros para que pudiera venir y usted ya sabe que no le íbamos a dar gusto a ese hombre.  Vaya que la abuela a escondidas también le dio unos centavitos.  Dios siempre provee Mamita Alicia.  Yo creo que es buena idea que conozca un poco del mundo antes de decidir que quiere estudiar.  Le gusta la Química, así que este viaje le va a servir un montón.  Además que me ayuda con María, Juan Domingo y Claudia. Sobre todo con Claudia que es la más inquieta.  El otro día le sorprendió que acá lo que más toma la gente es vino.  Compramos una coca cola y la repartimos entre los cuatro porque es cara.  Yo le dije que eso es viajar  y que vivir es viajar, así que más vale que se case con un hombre que la acompañe a conocer el mundo.  Gracias por el disfraz de Napoleón para Juan Domingo, le quedó cabal.

Le cuento que al regreso quiero ir con el doctor Azurdía.  Desde hace días tengo un dolor en un pecho y me sentí un bultito, en el lado izquierdo.  Marco Tulio dice que no me preocupe porque acá estamos en el mejor lugar para que me revisen.  Yo tengo un presentimiento raro Mamita Alicia, no es nada bueno. Usted va a decir que yo para unas cosas tan moderna y para otras tan supersticiosa, pero me encontré en el jardín una mariposa negra, estaba grandota. Marco Tulio dice que esos son cuentos, pero usted sabe que entre la graduación,  los exámenes y yo con los niños esto es una locura.  Ya la nena se regresa para preparar la casa para cuando lleguemos.   Nos falta como seis meses y yo siento que los quiero adelantar.  Le encargo que me la cuide porque la patoja tiene ahí ya varios pretendientes y yo lo que quiero es que estudie y que no dependa de ningún hombre para hacer lo que quiere.  Dice que conoció a un patojo, se llama Leonel Guevara, que estudia para componer a la gente, hace zapatos ortopédicos y que quiere poner su clínica.  No le ofrece lujos, le ofrece amor.
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Quisiera no tener que estar escribiéndole esto mamita Alicia, pero prefiero escribírselo que decírselo por teléfono.  Se me quiebra la voz y yo no soy chillona.  Al mal paso darle prisa. Me queda poco, y lo que más me preocupa son los patojos, Claudia principalmente, porque es la más chiquita. No quisiera que la nena se haga cargo de los tres. No le toca a ella hacerla de mamá tan temprano.  Yo sé que a los 21 ya la había tenido a ella, y que usted a los 21 ya llevaba tres hijos.  Hoy viene Leonel a pedirme a la nena acá al hospital.  Nadie sabe lo que tengo Mamita Alicia, solo usted.  Le pido que cuando yo ya no esté, me los cuide, que sean mujeres y hombres de bien. 

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--La Nena--  mira Leonel, me acaba de llamar Marco Tulio, que mi mamá no va a salir del hospital.  Ya está con nuestro señor Jesús, ni siquiera logré despedirme de ella.  Me habían dicho que hoy salía... lo que no me dijeron fue cómo iba a salir. 
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--Leonel--  mira a mí me pasó algo de lo más raro.  A qué hora murió tu mamá? Yo dejé encendida la lámpara de mi mesa de noche porque me quedé dormido leyendo, y algo somató la mesita de noche, se cayó la lámpara y ésta cayó sobre mi despertador.  El reloj se quedó parado a las 2:30 de la mañana.






 













jueves, 15 de junio de 2017

Aquí y ahora...

Aquí y Ahora

Encuentro el valor de escribir. Empezó como terapia a sugerencia de mi sicóloga y luego de varios borradores, aquí esta.   

Tenía mis dudas, y como desde pequeña me he sentido como un alien, siempre las dudas de si no me recogieron o me cambiaron en el hospital.  Entrevisté a cada uno, hice preguntas, en algunos casos ya la memoria se va reduciendo poco a poco.  Tratarè de ir vomitando esto poco a poco. Fue terapéutico esto y me permitiò entender mi sistema familiar y que cada uno cumple su papel.   

Mis muertos
Esther, o Mama Tesh, como le decíamos de cariño a mi abuela materna, nació en Colís, (Mataquescuintla, Jalapa) un día de tantos porque  ya nadie se recuerda… Mi abuela vivió en este polvoriento pueblo productor de café toda su vida. Murió sin conocer cómo era el pueblo cambiado por la mina San Rafael.

Conoció a mi abuelo y con el tuvo 12 hijos, y crió como si fueran hijos suyos a 3 o 4 nietos. Enterró también a 4, a Albino el mayor, que enfermó de polio desde pequeño, a unos gemelos que nacieron muertos, y a Marilí que murió de cáncer a los 33 años y Aroldo de 50, cáncer también.  Nietos no enterró, pero la siguieron años después, el Chino el menor de Marilí que murió en un asalto a una camioneta frente a Unicentro.

La imagen que tengo de mi abuela es de una mujer fuerte y creo que para su tiempo hasta ha de haber sido bastante revolucionaria.  Nunca se dejó mandar, siempre iba y venia por esos caminos empolvados de terracería, 2 a 3 veces por semana a veces. Cuando hicieron la carrera dejó de venir. Así de llevar la contraria era. El pueblo no está muy lejos pero los viajes eran cansados y siempre nos traía comida, fruta, tamales.  A mí me hacía unas melcochas que nunca he vuelto a probar.

Mamá Tesh enterró a cuatro hijos. Ahora que soy mamá veo que eso la hizo más fuerte y eso nos lo trasladó a mi mamá y a mí.  Aunque a veces creo que yo soy la mamá y mi mamá la hija. Murió antes de que yo fuera mamá, así que no logró conocer a E. y M. Antes de saber que estaba embarazada y recuperándome de una pérdida, me visitó en sueños y me dijo que tenía que ser fuerte, que ella había tenido tantos hijos y nietos y que yo iba a ser igual de fuerte y que dejara de estar chillando.  Estuvo en el parto, en el hospital también, la vi las dos veces.  En el segundo parto me separé del cuerpo y pude ver a todos los que estaban en la sala de operación.   Hasta que el pediatra me pegó un grito para decirme que regresara… y aquí estoy.

Creo que cuando más la extraño es para las navidades, porque siempre hacía unos tamales tan ricos, pero nunca dio la receta. Creo que la receta la tenía en su mente y sentarla a que nos dictara la receta o a que nos enseñara como hacerlos habría sido difícil.  No era alguien que demostrara su afecto dando abrazos, pero si yo le decía que algo me gustaba, miraba cómo hacia para conseguirlo y cocinarlo.  Las “melcochas” que me hacía son un dulce bastante difícil de hacer porque hay que derretir azúcar hasta que se haga un líquido chicloso hirviendo y se coloca en una especie de batidor, donde se empieza a estirar una especie de hilo caliente de azúcar y se estira y se estira hasta que se vuelve blanco. 

Su papá era terrateniente en el pueblo y tenia varios medios hermanos de distintas mamás.  De sus “puros hermanos” recuerdo a Tía Chinta (en el pueblo todos son tíos o primos o sobrinos de alguien), que también era una mujer fuerte, tuvo igual cantidad de hijos y recuerdo que vivía con un hombre tan miserable que nunca salía de su pueblo a menos que mi abuela la trajera.   

Siempre vivió como quiso y también se murió hasta que quiso.  Padecía de diabetes que nos hizo favor de heredar. Siempre fue de buen diente y  creo que a pesar de eso nunca sufrió los padecimientos de alguien con esa enfermedad.  Tuvo varios “comas”, uno en el cual pensamos que si se nos iba. Empezaron los hijos a organizar todo lo que implica un entierro en un pueblo. A mi casa llegaron a dejar las cosas para hacer la comida del velorio.

En Mataquescuintla celebran los entierros como por una semana, hacen el acabo de año, y así un montón de fiestas y comida.  Pues empezaron a organizar todo para el entierro, cuando volvió en sí y pidió que le hicieran de comer un “chirmol de tomate”… tenía ya a toda la gente en el pueblo casi velándola cuando regresó.  Echo a todos a la mierda.

Así nos dio varios sustos, y como dije se fue hasta que quiso.  Tenía un corazón muy grande y creo que ayudó a mucha gente. Nunca se le dio mucho lo de vender, pero si lo que le gustaba era la “transacción”.  Asi que le prestaba dinero a gente y si no tenían con qué pagarle le llevaban gallinas o pollos. Creo que nunca le faltó nada y tampoco tuvo lujos, pero siempre hizo lo que quiso, eso también me hizo el favor de heredar.  El día que se murió el pueblo entero estaba en la casa.  Llegaban señoras al velorio que ni sabíamos quienes eran, y como 5 mujeres cocinando el comidal para los que llegaban a dar el pésame.  Mi mamá se encargó de las flores y se preocupó de que le tomara fotos a las flores.  Me pude despedir de ella, le dije que estuviera tranquila que se fuera tranquila. A saber si hizo caso.

Esto lo entendí para mi, tal vez nunca llegue a tener grandes lujos pero creo que tampoco me va a faltar nada, que nunca se me olvide eso.


Papá Ricardo

Mi abuelo Ricardo era una persona muy sencilla.  Siempre lo recuerdo con su sombrero en la cabeza y su piel morena,  imagino que de su trabajo en esos caminos polvorientos.  Cada vez que venía a Guatemala se ponía de una vez los dos pantalones que iba a usar, y su peine entre la bolsa. No le gustaba cargar cosas y mi abuela siempre lo mandaba con encargos y canastos de comida. El le decía que si se arruinaba la camioneta, dejaba tirada la comida.

Era el telegrafista del pueblo y el encargado de poner la planta de electricidad en el pueblo, la encendía a las 6 y la apagaba a las 10.  Cada vez que había una fiesta le pedían que apagara la planta más tarde para que no terminaran tan temprano las fiestas y ferias. Siempre que se iba a apagar la planta, lo acompañaba mi abuela, porque dos que le daba miedo regresarse por lo oscuro, para mí que era para controlar la milpa.

Papa Ricardo siempre nos mandaba telegramas para nuestro cumpleaños. Yo esperaba ese pequeño detalle que para mí era sentirme importante que se recordara de mí.   Lamento mucho no haber guardado ninguno, pero los guardo en mi corazón.   Siempre sentí que a mi hermana y a mi nos tenía mucho cariño, siempre se admiraba de nuestros logros, considerando que a sus otras nietas no se recordaba ni el nombre. Tuvo siempre particular preferencia por mi mamá, nunca entendí porqué.

Hubo una época en que tuvo 15 nietas y 5 varones. Cuando tomaba sus tragos, lloraba porque decía que no iba a estar para nuestros 15 años.  Que cierto era eso, sin saberlo. Se nos fue muy joven, murió de 67 años.  Me gustaría que supiera todo lo que hemos logrado y que conociera a E. y M., espero que los mire desde su nuevo hogar. 

El cáncer le envenenó el esófago. Escupí al cielo luego de salir del hospital Ixchel donde lo abrieron sólo para ver que su estómago era un pedazo de cartón. Se r
egresó a morir a su pueblo, por lo menos tuvo eso, la dignidad ya se le había ido vomitando los pedazos de cartón. Lo despedimos camino a Barberena.

A él si nunca lo volví a ver, ni vivo ni muerto.

Murió un 15 de agosto.  Llovía esa tarde.


Ahora me llueven todos los 15s de agosto.

A.