Estoy en terapia desde hace 14 años. Empecé, por un evento que tuve durante la maestría: me quedé totalmente dormida en un examen. Supongo que estaba abrumada por que recién me había casado, estaba teniendo problemas con desprenderme de mis padres, no podía llevar una casa que estaba a medio hacer, albañiles y construcción todavía. Un trabajo demandante y extenuante y venía de estar un año dopada con Lexapro, que es un antidepresivo que me hizo estar en mute.
No recomiendo los antidepresivos, te quitan las ganas de todo, tooodo, además que luego que lo dejas de tomar vuelves al mismo punto. El médico internista que me las recetó me dijo que no le caía mal a nadie unas sus vacaciones de la vida. Todos los días pienso en ellos, como última instancia. Son caros, me los pagaba el seguro, pero no son sostenibles en el largo plazo, además que dañan otros órganos del cuerpo.
Empecé a asistir una vez por semana, durante la época más dura. Considerando que para mis papás que me dijeron toda la vida que la gente que va con sicólogos es la que está loca, no confiaba del todo en una posible solución para mi. Tuve que convencer a Anabella sobre porque consideraba necesario recibir terapia. Ella ha sido un ángel para mi en muchos sentidos. Me conoce mejor que yo. Me ayudó con varias fobias, la principal mi miedo a volar. Por trabajo debía viajar y era un tormento cada vez que me asignaban algo. Recuerdo un viaje a la India a una conferencia de cambio climático, tema que me apasiona, y que estuve rezando todo el fin de semana para que no ocurriera. Mis súplicas fueron escuchadas.
También pude superar mi fobia a estar encerrada, luego de hipnosis y descubrir que una niñera me había encerrado en un Closet y que yo logré salir a patadas. Lo había bloqueado por completo.
Resolví unas cosas, pensé que podía sola y dejé de ir. Lamento no haber resuelto en ese momento el problema de raíz. Estamos a 2019 y no logro encontrar la raíz de mis dilemas. Es parte del proceso supongo.
Fui a terapias de grupos, las más extrañas fueron las de constelaciones familiares, podría decirse que para quien no conoce este tipo eran unas sesiones de culto diabólicas, jaja. Me ayudaron a entender el sistema familiar,p seguía en mi lucha.
Probé con una máquina que te detecta traumas, health system se llama. No me pregunten cómo pero me dieron fechas y edades donde los tuve. Lo sé porque hice arqueología para regresar a sanar esos traumas con ayuda de mis padres. Algunos como cuando mi mamá se entero que estaba embarazada de mi, que no estaba ni en planes.
Probé yoga y eso es lo que me tiene de pie, junto con la terapia y la ayuda de mi familia. Hago yoga porque me permite estar en control de mi cuerpo y mi respiración y eso me gusta.
Por un evento traumático, el peor que he tenido, hace 8 meses y por invitación de un amigo asistí a un curso que daba una iglesia evangélica. Yo soy católica, no muy practicante, pero estaba tan desesperada y queriendo hacer muchas estupideces que asistí. Este curso se llamaba Recovery y se basa en la metodología que usan los alcohólicos anónimos sobre los 12 pasos para recuperación. Lo interesante es que incluían el tema religioso y eso fue lo que me llamó la atención. Me asignaron una madrina que quiero mucho pues compartimos experiencias parecidas y me ayudó a entender mi proceso y recuperación. Asistí contra críticas de mi familia por ser una iglesia evangélica y puedo decir que lo recomiendo a cualquiera incluso si no ha tenido ninguna experiencia traumática. Me enseñaron a hacer un inventario de mis metidas de pata, cagadales pues. Me enseñaron a aceptarme, perdonarme y a abrir mi corazón. Estaba muy duro y creo lo más importante fue que lo que me pasó no era en lo que me debía enfocar sino en entender el aprendizaje y que sola no iba a salir de mi pantano.
Tuve recaídas, después de eso. Volví a revivir experiencias traumáticas, a sabotearme, y era como un ciclo al que regresaba. Cada vez es menos y cada vez me puedo levantar más rápido. También sé que son episodios que van a pasar y lo que tengo que hacer es aguantar a que pase el temporal. No me ayudan mis desórdenes hormonales, el clima, y situaciones que detonan episodios. Lo que estoy es aprendiendo a identificar los detonantes.
Paralelamente, recibo una invitación de una prima a un grupo de señoras que se reúnen los miércoles con la guía de una predicadora a analizar textos de la biblia. Para cualquiera que me conoce dirá que estoy en drogas, o en el grupo dan guaro y que por eso voy. Pues no, resulta que no hay guaro. Lo qué hay es sororidad entre mujeres, cosa que nunca tuve. Me permite ver que todas tienen problemas, crisis, angustias, y lo principal es que no son perfectas. Compartimos todo eso en un ambiente donde nadie es juzgado y es maravilloso. Somos sólo mujeres porque, al igual que en Recovery si tenemos compañía del sexo opuesto y estamos vulnerables, huele a peligro.
Acá podemos hablar de lo que sea, y no es solo de la biblia que hablamos, hablamos hasta de vibradores pues. Me gusta que no soy juzgada, que estoy ocupando mi tiempo y que no necesitamos ningún estimulante más que café para poder estar contentas. Lloramos también y es otro aspecto que les recomiendo, sobre todo a las mamás, que sean vulnerables. Si los hijos no las ven vulnerables creen que sus mamás son de acero e invencibles y no es así la cosa.
En resumen, si tuviera qué decir cuál es el método para superar crisis existenciales, no hay o lo desconozco. Lo que si sé es qué cosas no volvería a hacer, la más importante engañarme a mi queriendo salir yo sola de mis problemas. Es la suma de decisiones que se escogen. Podría haber escogido enconcharme, usar una armadura más pesada, volverme amargada, odiar, no perdonar, no pedir perdón. No quiero que me recuerden así. Quiero que me recuerden como alguien que superó la adversidad, con una carcajada.
Te mando un gran abrazo. En parte, siento el consuelo de saber que se va saliendo de a poco. Gracias Ale.
ResponderEliminarGracias amiga
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